Pensaré que no la pienso

No sé escribir un poema sin amor,
quiero cambiar los temas de escribir,
quiero ignorar que ella me gusta,
intentar ser despistado y hablar de lo cotidiano.

Intentaré no hablar de las noches sin dormir pensándola,
no voy a hablar de esos labios carnosos pintados de rojo,
intentaré obviar su tez blanco intenso,
mucho menos de cuánto la quiero besar.

Cómo no voy a mencionar que me conquistó con su pensar,
no diré que su oído musical combina con el mío,
omitiré cuánto hemos reído juntos,
hoy no mencionaré que me hace perder mis miedos.

Olvidaré las bromas que hacemos,
pensaré que este flirteo no existe y no nos gustamos,
asumiré que besarnos no es un deseo mutuo
y soñaré que mi corazón es inmune a sus coqueteos.

Le diré al corazón que sea de piedra,
que dormir con su voz no sucede a diario,
borraré la pena que siento cuando me lee,
sacaré sus cabellos dorados de mi cabeza.

Estaré tan seguro que no volveré a tartamudear,
tanto que no me inmutaré a sus halagos a mis letras o mi apariencia,
evitaré pensar lo presente que está su nombre mí,
incluso que olvidé que no iba a hacer referencia a ella.

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Psicópata

 

Me siento a comer en el centro comercial, a mi derecha los infantes haciendo su bullicio descalzos y con sobros de comida en sus caras, una escena deplorable con sus pies llenos de suciedad.

“¿se puede? ” me pregunta interrumpiendo mi soledad un tipo queriendo tomar la silla del frente.
Ya casi, en menos de cinco minutos, le digo. Se queda de pie viéndome, lo veo, cruce de miradas, se sienta en otra mesa.

A mi izquierda la gorda centrada en su celular no se da cuenta que su hijo tira la gaseosa al suelo, en todas las mesas la gente se comunica por celulares.

Las pantallas me obligan a ver fútbol mexicano.

Nada malo me ha sucedido, simplemente no ando de humor para mezclarme con la gente.

El hijo de la gorda se va a jugar y vuelve descalzo a pararse en la gaseosa regada en el suelo. Llora porque se mojó (la riega, se para y llora, idiota).

Esa alfombra donde juegan ha de tener más yuyos y niguas que los pies de Cochinón.

El tipo del aseo está enamorado de su compañera de trabajo.

Esa rubia siente pena de su trabajo, cree que es demasiado guapa para estar limpiando mesas, lo sufre.

Vuelve el hijo de la gorda a pararse en la gaseosa regada.

Hay ocho mesas para cuatro personas con solo una persona, contándome.

El niño de la mesa de en frente ya pudo cerrar la boca al comer, hacerle muecas intimidatorias dio resultado.

Vuelve el hijo de la gorda y me golpea con su pelota en los pies, la sostengo, no lo dejo de ver y cuando está a la par mía pateo esa pelota a lo lejos, no me dice palabra alguna y por fin se va.

La gorda sigue en la mesa a mi izquierda.

Soy un psicópata leyendo a cada persona, su individualidad, sus particularidades, intentando comprender porqué actúan como lo hacen, si en verdad son tan idiotas o así los adoctrinaron, intentando salirme de esta superioridad.

La chica que está comiendo pizza dejó el recibo del pago con tarjeta, podría tomarlo, saber su nombre y seguirla para irme a su lado en el bus, pero esa idea a mí mismo me asusta, sería muy acosador.

Ya puede tomarla, le digo a quien pidió la silla.
No se la di antes porque desordenaba el vacío a mi alrededor con mi soledad.
La mejor parte de irme es dejar de lidiar con el molesto hijo de la gorda.

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La conocí en el bar

La soledad pidiendo ser bebida
como se bebe una noche sin bilis
o como se traga un aguardiente con anís.

La noche en que los recuerdos punzan en el hígado abriendo bocas;
bocas que merecen besos de esa chica desconocida en la barra.

La voz temblorosa, el pulso a la velocidad del alcohol,
el whisky sin tiempo para deshacer hielos y los cigarrillos apagándose como se apagan los amores en un encuentro aventurero.

La noche del último día semanal desesperado invocando al refugio amistoso de la clase obrera queriendo olvidar la monotonía que le constriñe su conciencia.

¡Maldita sea la hora en que los sueños fueron rotos!
¡Maldita sea la hora en que nos cortaron las alas para amar y soñar, para ser grandes!

No me bese usted, que no la conozco,
no la quiero ni la deseo, pero no me deje de hacer compañía.
Usted no es mi amor, pero simule ser ella distante.

Sus ojos café quiero imaginarlos de otro color,
mida diez centímetros más,
pese cinco kilos más,
sólo por hoy,
no me diga su nombre,
no me de su número;
no se involucre conmigo,
mañana me importará usted lo mismo que hoy, nada.
Hoy sólo quiero un beso, y es el de ella, no el suyo.
Quiero el de quien me da arrullo.

La noche evoca olvidos y recuerdos,
olvidos presentes y recuerdos olvidados.

Olvidos digeridos como agua y recuerdos olvidados como la primera borrachera con guaro.

La noche solo me dice que hay que sufrir en silencio,
que el alcohol quizá olvide pero yo no,
la noche me dice que el beber sólo de poco sirve cuando más se desea.

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Déjeme enamorarnos.

Usted me ha gustado,
usted me gusta,
usted es linda,
usted es hermosa,
usted es preciosa.

Nos conocemos quizá,
los saludos al rato ni cuentan,
la química y la tensión sí.

La veo tan linda,
tan tierna, tan dulce,
tan frágil,
tan pequeña y suavecita,
tan usted.

Nos conocimos sábado,
pasó el jueves
y una semana hasta el viernes.

Tan lejos que la hacía,
tan acá y no nos vemos,
tan superior y tan iguales.

Su voz me gusta,
sus ojos se ven sinceros,
su pelo es lindo
y usted no me intimida.

De usted me he enamorado sábado,
jueves y viernes;
de usted puedo seguirme enamorando
jueves, viernes y sábado.

De usted puedo enamorarme esos días,
puedo enamorarla esos días,
podemos amarnos esos días,
pero si quiere y me deja
puedo enamorarnos siempre.

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Amor de autobús

Puedo decir que no sé qué es el amor
y me lo pueden creer,
puedo decir desconocer el embrutecimiento pasional,
puedo decir que no siento.

Puedo mentirle al amor, a las mujeres,
puedo ser hierro y piedra.

Cada tantas lunas las gotas hacen mella y me penetran,
calan tan hondo que los huecos solo con masilla de artesano aprendí a sellar.

Me he prohibido amar,
no por frívolo ni carnal;
porque soy tan humano que lloro.
A mí no me puedo mentir.

Heridas sanas yacen ahora en la tabla remendada que late en mi pecho.

¿Cuántos meses más deben pasar para poder sentarnos a la par en el bus?
Ya son muchas las sonrisas devueltas,
las miradas correspondidas en secreto a tantos metros y la complicidad al vernos.

Me muerde ver que otro intente tocar sus mejillas o acomodar sus cabellos,
esos tan ardientes color líquido volcánico,
esos tan lisos como el mar de media noche.

¿Cuántos viajes más a siete filas viéndonos mientras hablamos con otros?
No sé qué tiene pero me hace sentir tan bien y tan niño,
soy un quinceañero que no sabe ligar cuando ella está cerca,
se me cortan las palabras,
quiero ser ese tipo galán que gozó del cielo a la edad de ella
pero soy un simple enamorado tartamudo lleno de movimientos nerviosos involuntarios.
Eso solo indica que es un reto mayor.
Eso significa que las heridas han sanado,
que los amores pasados han muerto,
que quizá la estoy empezando a amar y no la he besado.

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Debí y debiste

 

“Debí y debiste, ahora debemos tanto.

Nosotros debimos estar juntos. Permanecer juntos. Yo debí buscarte menos, provocarte más. Tú debiste quedarte. Debimos quedarnos juntos, viajar por el mundo en mi cama, deshacer las almohadas, soñar, volar, quedarnos. Debí verte más los dientes, hacerte reír, tomarte de la mano y nunca dejarte ir. Debí no haberte querido tanto, no hacerte sentir necesario así tal vez te hubieras quedado. Debí conocerte más antes de enamorarme, debí enamorarte más antes de quererte tanto. Debí y debiste, debimos tanto. “

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Sueño contigo

Siento ese cariño, 
lo cálido de tus besos, 
tus mimos me arrullan como niño.
Estoy desubicado, 
no conozco el lugar, 
es desconocido pero estás.
Años deseándote y amándote en silencio, 
aquí estás, aquí estamos, 
tomas mis manos,
nos abrazamos.
Corremos, huimos, es nuestra aventura, 
al fin estamos juntos.
¿Qué pasa? Te quedas dormida,
estás débil,
intento ser fuerte pero te empiezo a perder.
No te duermas, recién está empezando esto, 
no puede acabar,
somos tres, no puedo solo.
Todo es frío, estás fría también,
esos cabellos rubios los corre el viento,
acaricias mis mejillas,
te aferras a mi pecho, lloro.
Cierro los ojos y maldigo a Dios por quitarme mi amor,
te cargo en mis brazos, camino sollozando tu nombre.
Abro los ojos, bañado en sudor y llorando,
estoy sólo, todo oscuro alrededor.
Despierto,
digo tu nombre,
sigo soñándote.
-Jaime Aguirre.

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Súcubo e Íncubo enamorados

Eran nuestros veintes,
ella menor que yo,
pero yo con año menos de experiencia que ella.
 
La experiencia era contraste,
yo tan socialista y ella tan moderna,
ella tan popular y yo tan correcto.
 
El amor se inmiscuía en la pasión y el deseo,
éramos de todo sin establecer formalidades.
 
Un año más.
Tantos han pasado desde que nos vimos por primera vez,
desde que nos presentaron, compartimos y disfrutamos tragos juntos.
 
Tanto desde que ese deseo de infidelidad despertó al cruzar miradas.
Lujuria, placer, deseo, hambre y sed que el tiempo transformó en amor y círculos viciosos.
 
Tantos aniversarios de tantas cosas, tantos eventos.
 
Has estado en dos míos, yo solo en uno tuyo; lo arruinaste o lo arruiné, no sé, pero íbamos a ser dos, terminamos tres y para no quedarme atrás fuimos cuatro.
 
El poliamor fue nuestro común denominador.
 
Beber y bailar hasta el amanecer, trabajar, estudiar, volver a bailar y beber.
Nunca nos dimos cuenta cuándo el amor se bifurcó y lo socializamos.
 
Contar sus lunares fue la única manera para poder ver que podíamos hacer el amor.
“¿Porqué no me ha besado si estamos frente a frente en su cama, solos y abrazados?”
“Quería que usted me lo pidiera.”
 
Nos comimos a besos, las ropas se rompieron,
la espalda sangraba por sus uñas y daban las 7am cuando decidimos por fin dormir.
 
Y así una y otra vez hasta que caminamos de la mano,
fuimos Marco Antonio y Cleopatra, Gala y Dali,
Diego y Frida, Sansón y Dalila, Jesús y María Magdalena, vos y yo.
 
Romance que aún se recuerda a nuestras espaldas.
 
Sus labios, sus besos, su lengua, su aroma, su sabor, su soltura, su liviandad y su forma de hacer el amor siguen siendo mis parámetros para juzgar a todas las demás que han venido apareciendo.
 
Llanto, alegría, triunfos y derrotas, lujuria, pecado, sodomía, adulterio, ebriedad, casinos, tabaco, sexo, alcohol, drogas, sudor, calor, amistad.

Lilith |John Collier, 1892 | Óleo sobre lienzo.

Lilith |John Collier, 1892 | Óleo sobre lienzo.

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El amor que ya no fue

Pensar en usted no me deja de nacer,
esos recuerdos de momentos
vividos a su lado,
esa vaga esperanza,
ese deseo de ser posible que no se dio.

Esos besos que aún no nos robamos,
esas caricias que no nos excitaron por no sentirnos,
ese amor que nos faltó sentir,
esa fatiga disfrazada de odio y desamor que la llevó lejos de mí.

Esas cartas que sólo por usted fueron concebidas.

No sé muy bien cómo es eso de amar,
sólo sé que usted me hizo sentir amado,
sólo sé que usted me hizo amarla,
sé que le di mi amor pues fui otro.

Quizá ese amor no haya muerto,
pero renco de una pata no llegará bien a su destino
y quizá la pata renca en lugar de intentar emparejarse
le corte un pedazo a la entera para estar igualmente heridas.

Eso de pasar sin sueño y en mis sueños sólo verla,
eso de escribirnos a diario y hoy ser ajenos,
eso de jurarnos amor para hoy olvidar,
eso de planear para tener hoy que dejar empolvar,
eso de sentir el estomago como reflejo del acabangamiento aun hoy,
eso de sentir amor por usted,
eso, eso me vulnera y me molesta.

Y es que puedo decidir amar,
porque amar es una decisión diaria
y con usted a mi lado
cada día al despertar decidía amarla más,
hoy no sé decidir no amarla,
no sé cómo renunciar a luchar por su amor y sus besos,
no sé dejar de luchar y renunciar como usted lo hizo,
no sé cómo ser cobarde y perder.

Soy un niño inexperto en el amor,
el viejo cazador perdió y volvió a la niñez,
usted se me llevó la experiencia,
me robó la indiferencia y las ganas de aventurarme
en las locuras de amores de una noche,
usted se me fue y con usted el sueño,
se me fue con el deseo de sentir unos labios
o de encontrar los gemidos más sexuales de alguna amiga en la cama.

Y es que si no midiera a cada una a partir de usted,
si no les viera tantas imperfecciones,
si no la encontrara a usted en cada mujer y cada pensamiento,
quizá habría podido besar de nuevo.

Usted sigue estando en mí
y eso me abruma,
extranarla en la piel me duele,
esos escalofríos al pensar que me olvida
o al imaginar que hay otro me tienen ya más delgado.

Esos nervios de mis hombros
que sólo usted conoció bien se desatan
como torno haciendo roscas las noches de fin de semana;
esos tartamudeos incómodos y los movimientos involuntarios aquí están diciendo presente.

No sabe qué vergonzoso es esto de ser tan débil;
esto de ser sincero y amarla y no poder controlar mi cuerpo.

Posiblemente alguien busca ocupar mi lugar,
quizá usted quiera entregar su corazón a alguien,
pero si lo hiciera, no le bese como a mí,
no le toque ni acaricie como a mí,
no le haga a nadie el amor como lo hacíamos;
no vaya a ser que me recuerde,
no quiera arruinar su momento y pierda esta racha de olvidarme.

No sé si vaya a parar, no sé cuánto más dure,
no sé si me olvide de usted,
no sé si amemos a otras personas,
lo que sí sé es que sueño con que nuestros caminos dejen de bifurcarse
y empiecen a converger para terminar juntos.

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Poema desvelado.

Sepa usted mujer,
que aunque hoy,
amada mía,
siga sin usted estos rumbos desolados
que quizá y el señor de los cielos lo permita según su venia,
lleven nuestras vidas a reencontrarse;
no le guardo rencor alguno.

Y es que si nuestro amor hubiese fracasado después de reiteradas ocasiones; mujer de caderas mías,
sepa que hoy ya me hubiese resignado.

Pero sabiendo que me ha estado recordando y que mis besos aún le hacen falta;
y yo intentando arrancarme pecho y alma para no sentir más dolor por su adiós,
y yo aun botando lágrimas de sal y sangre sin luz;
sepa usted mujer, que este amor que aun siento por su persona me sigue robando el sueño a mitad de la madrugada y mis esbozos de plegarias se van al cielo por su salud y su regreso.

15 enero 2014

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