Amor de autobús

Puedo decir que no sé qué es el amor
y me lo pueden creer,
puedo decir desconocer el embrutecimiento pasional,
puedo decir que no siento.

Puedo mentirle al amor, a las mujeres,
puedo ser hierro y piedra.

Cada tantas lunas las gotas hacen mella y me penetran,
calan tan hondo que los huecos solo con masilla de artesano aprendí a sellar.

Me he prohibido amar,
no por frívolo ni carnal;
porque soy tan humano que lloro.
A mí no me puedo mentir.

Heridas sanas yacen ahora en la tabla remendada que late en mi pecho.

¿Cuántos meses más deben pasar para poder sentarnos a la par en el bus?
Ya son muchas las sonrisas devueltas,
las miradas correspondidas en secreto a tantos metros y la complicidad al vernos.

Me muerde ver que otro intente tocar sus mejillas o acomodar sus cabellos,
esos tan ardientes color líquido volcánico,
esos tan lisos como el mar de media noche.

¿Cuántos viajes más a siete filas viéndonos mientras hablamos con otros?
No sé qué tiene pero me hace sentir tan bien y tan niño,
soy un quinceañero que no sabe ligar cuando ella está cerca,
se me cortan las palabras,
quiero ser ese tipo galán que gozó del cielo a la edad de ella
pero soy un simple enamorado tartamudo lleno de movimientos nerviosos involuntarios.
Eso solo indica que es un reto mayor.
Eso significa que las heridas han sanado,
que los amores pasados han muerto,
que quizá la estoy empezando a amar y no la he besado.

Category(s): Poesía

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