Insomnio

No se reconoce
tiene frío en medio del calor,
dos bestias patean su cabeza,
la nariz gotea y recuerda su adolescencia.

Debería dormir, debería estar por despertar,
ya suenan los portones abrirse,
ya van los panaderos por su faena,
ya la leche empieza a ser ordeñada en las fincas.

La radio se empieza a enceder en los hogares
y ya la vecina le rezó a la Divina Misericordia.

El gran mujeriego trasnocha en la soledad,
desde que su corazón fue roto solo quedó,
frágil, acorazado, temeroso, deseoso de amor,
quiere amar, quiere volver a sentir, no se anima.

Su corazón aún la recuerda, pero recuerda el desprecio de ella,
recuerda sus besos, ella que la hirió,
él la amó como nadie, como a ninguna, ella igual,
caminaron, se amaron, se besaron como besan los quinceañeros.

Fueron amigos, fueron compañeros, fueron novios,
fueron uno, él la buscaba y ella lo ignoraba,
ella se cansó de él, él de no ver respuesta,
la dejó de buscar, pero no de amar,

Tres meses sin dormir la vió despierto en la madrugada,
cada lunes la buscó en el mismo edificio,
cada viernes casual la veía a través del ventanal,
siempre buscando propiciar una coincidencia.

Ella lo lloró tanto desde antes que al final solo brilló,
él la lloró tanto después que sus ojos se secaron,
se lloraron tanto que no encuentran sustitutos,
se han llorado tanto que buscando otros se usan de parámetros y por eso siguen solos, no se olvidan aunque lo crean.

A ella le sobran pretendientes pero no se animan,
él siempre procuró manejar un póker, pero ya no se anima,
ella lo secó, le robó la valentía, él ya no puede robar besos,
no ha vuelto a besar, sigue siendo fiel en la soltería
y no porque quiera, perdió la maña.

Él, siempre con un as bajo la manga, habituado a la presencia femenina nueva cada noche ya no extraña esa juventud,
le han visto de noche bebiendo whisky con cerveza,
tarareando boleros y avejentando a velocidad de cigarro.

Acostumbrado a las mujeres mayores, una niña lo quebró,
lo destrozó, le rompió el ego, el orgullo, el apellido,
lo volvió mortal, lo vulneró, lo hizo frágil, le recordó sus miedos,
lo hizo inseguro, le quitó sus poderes, le recordó que era humano.

Hoy ya su corazón sanó, aprendió a vivir con ello,
hoy ya olvidó que la amaba, ya no compara a las demás
pero sigue solo, hoy sabe quién lo puede volver a enamorar,
hoy quiere que cuando le robe el primer beso a su futura conquista esta lo acepte, quiere que ella lo desee tanto que le pueda confiar el corazón en sus manos,
quiere que ella quiera que él sea su amor,
quiere que ella lea sus letras en las noches de desvelo,
que sienta su voz más cerca y que al decir buenas noches se le escape un beso diciendo mi amor.

El dormitorio en Arlés

El dormitorio en Arlés | Vincent van Gogh – 1888

Marco Gonzalez.

Category(s): Poesía

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